La 90° Convención Anual de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) expuso la grieta entre el optimismo macroeconómico y una realidad sectorial crítica: la actividad cayó un 30% respecto a 2023 y ya se perdieron 90.000 empleos.
La Rural fue el escenario de un encuentro marcado por la ambivalencia. Por un lado, el entusiasmo que despierta el ordenamiento de las variables económicas; por otro, la urgencia de un sector que se siente "en el desierto" tras el freno total de la obra pública y la parálisis del crédito productivo.
"Invertimos menos que la depreciación"
El economista Ricardo Arriazu fue el encargado de aportar la cuota de optimismo macro. "Los planetas están alineados para la Argentina", aseguró, basándose en la estabilidad cambiaria, un superávit comercial proyectado en U$S20.000 millones y el potencial energético de Vaca Muerta.
Sin embargo, sus propias cifras desnudaron la gravedad del sector. Mientras que el promedio mundial de la construcción ronda el 6% del PBI, en Argentina hoy apenas alcanza el 3%. "En vivienda y crédito hipotecario estamos en un stock mínimo. Invertimos menos que la depreciación de las viviendas", advirtió.
Según Arriazu, la solución de fondo es derrotar la inflación, pero propuso medidas urgentes para reactivar el fondeo:
- Redireccionar recursos: utilizar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) y los seguros -históricamente instrumentos de largo plazo- para financiar la construcción en lugar de títulos públicos.
- Sistemas indexados: crear un fondo compensador para paliar el descalce entre la inflación y unos salarios que hoy no acompañan la cuota hipotecaria.
El "desierto" de las empresas y la falta de interlocución
El contraste lo pusieron los referentes de Camarco. Gustavo Weiss, presidente de la entidad, abrió el evento con una definición política dirigida al Gobierno. "La infraestructura no es un gasto, es una inversión en competitividad y eficiencia logística", afirmó.
Esa preocupación fue profundizada por Iván Szczech, expresidente de la cámara, quien describió una realidad de "dos velocidades". Mientras la energía y la minería despegan, la construcción sigue un 30% por debajo de los niveles de 2023.
"Al no ver la luz al final del túnel, se hace muy difícil atravesar este desierto. Muchas empresas quedarán en el camino", lamentó Szczech, al señalar además un vacío institucional. "Propuestas tenemos, pero no tenemos con quién hablarlas", advirtió.
El problema del crédito
La reactivación del crédito hipotecario, celebrada por el Gobierno, también fue objeto de análisis crítico. Ricardo Griot, vicepresidente de Camarco, remarcó que Argentina tiene apenas un 0,2% del PBI en préstamos para vivienda (frente al 2,2% de Paraguay o niveles mucho más altos en la región).
Griot advirtió sobre un fenómeno que frena la reactivación: el crédito actual se vuelca mayoritariamente a propiedades usadas. "Necesitamos que el financiamiento vaya al usuario final de viviendas nuevas. Hoy la caída es tan grande que afecta a toda la cadena, con despidos y cierres de empresas en todos los eslabones", explicó.
Una oportunidad que se agota
Entre los invitados internacionales, como el expresidente colombiano Iván Duque, y la cúpula gremial de la UOCRA, el mensaje de cierre fue unánime. Si bien el sector privado está dispuesto a explorar nuevos modelos de concesión y participación público-privada, los empresarios aclararon que hoy son "una gota de agua en el mar".
Sin reglas de juego claras ni un plan de obras mínimo que sostenga la estructura productiva, el riesgo es que, para cuando los "planetas" terminen de alinearse, la capacidad instalada de la construcción argentina ya no exista.